Tu empresa manda facturas, presupuestos y quizá algún boletín desde tu dominio, el nombre que va detrás de la arroba (tuempresa.es). Si el dominio está mal configurado, pueden pasar dos cosas. Tus correos acaban en spam y cobras más tarde. Y cualquiera puede mandar un correo que parece tuyo para pedirle a un cliente que pague en otra cuenta.
Para evitarlo hacen falta tres registros en el DNS (Sistema de Nombres de Dominio, la configuración que dice dónde está cada cosa de tu dominio). SPF es la lista de quién puede enviar en tu nombre. DKIM pone una firma en cada mensaje. DMARC indica qué hacer con los correos que no cuadran. Con los tres bien puestos, Gmail y Outlook aceptan tus correos con menos recelo y rechazan los falsos.
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Un caso típico
Imagina una gestoría que manda las facturas desde su programa y las circulares desde Mailchimp, y varios clientes las encuentran en spam. En una revisión así suele salir que Mailchimp no está autorizado en el dominio y que no hay ninguna regla DMARC. Se configuran los dos servicios, se vigilan los informes unas semanas y luego se activa la política estricta, con copia de todo lo anterior.
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